jueves, 23 de marzo de 2017

La Odisea de Wolfan, una historia nacida en la adolescencia


En ocasiones, una sensación, una idea te acompañan desde hace tanto tiempo que acaban formando parte de ti. Esto me sucedió con La odisea de Wolfan, que con el tiempo se acabaría convirtiendo en mi primera novela. La idea venía rondándome por la mente desde hacía algún tiempo, quizás tras pasar horas leyendo comics de Conan el Bárbaro - una de las influencias directas sobre el personaje- o leyendo algún relato de Robert E. Howard. Por aquella época yo sólo contaba con trece años, y aún hoy conservo el manuscrito original, aunque a veces puede resultar difícil de leer, dada la poca claridad de la fuente manual. Reconozco que me llena de orgullo haber escrito un libro, aunque su duración no fuese muy extensa con aquella edad. También es cierto que en muchas ocasiones, el mayor enemigo de los escritores es nuestro propio ego, y lidiar con el perfeccionismo a veces es complicado. En mi caso es el culpable de que en la papelera se me amontonase una montaña de pelotas de papel arrugado. Hoy en día, se trata de una alegoría en su mundo virtual, pero totalmente válida.

Poco tiene que ver la novela original con lo que ha quedado finalmente de ella. Esto podría entristecer al autor, pero es un proceso natural, y al final la historia nos lleva siempre a buen puerto. Personalmente no creo en una planificación exhaustiva en cuanto a la trama, por que muchas veces los propios personajes nos llevan a realizar cambios inesperados o incluso contrarios a cualquier idea que tuviéramos preconcebida. En mi caso particular, esto va desde la desaparición de roles principales a la obtención de los mismos por personajes que ni iban a participar en el relato. Yo lo considero una parte esencial dentro de la evolución de una historia. Del relato original sólo perviven tres personajes, y sólo uno de ellos conservó hasta nuestros días su personalidad inicial. En realidad aquella historia era poco más que un arcade, siguiendo la jerga gamer. Para desarrollarla muchas cosas tenían que cambiar, por no decir la mayoría, y fue un proceso lento, pero muy satisfactorio.



El universo de esta novela es algo limitado, ya que Keryan - el mundo donde se desarrollan mis historias- aún estaba en fase de desarrollo pleno. Es la única novela donde se aprecia una influencia externa no muy palpable, ya que fue mi modo de hacer un homenaje a un género y a un autor, que de no haberlos disfrutado tan profundamente, quizás nunca me hubiera convertido en escritor. A día de hoy, considero esa pequeña deuda saldada. Sin embargo, tampoco se parecen demasiado salvo superficialmente. Los ramketas no son cimmerios, y por supuesto Wolfan no es Conan. Físicamente pueden ser similares - ahí reside mi tributo- pero la personalidad de es totalmente diferente, incluso contrapuesta. Para mí ahí reside lo diferente de esta historia. Los personajes se salen de algunos tópicos dentro del género y me pareció muy interesante y positivo cambiar esto. La fuerza de las personas, su psique, va más allá de los estímulos que la sociedad les otorga. Todos podemos sobreponernos a nuestro supuesto destino y hacer lo que creamos correcto.

En este mundo egoísta, todavía podemos encontrar hombres, mujeres y niños cuya capacidad de abnegación y superación desafía toda lógica.  Para mi esa es la esencia de La odisea de Wolfan, más allá de la espada y brujería, que tan solo es una herramienta para transmitir un mensaje:

No hay desafío imposible de superar.

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